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domingo, 30 de marzo de 2008

Tabaquismo y alteraciones del estado de ánimo

Fumar multiplica por dos el riesgo de sufrir una depresión

http://www.elmundo.es/suplementos/salud/2008/750/1206745211.html

A pesar de la creencia popular de que el tabaco tiene un papel positivo sobre el estado de ánimo, un trabajo español confirma la existencia del efecto completamente contrario

ALEJANDRA RODRÍGUEZ

Sin embargo, un estudio publicado en la revista 'Medicina' 'Clínica' confirma que la nicotina ejerce, justamente, el efecto contrario. En otros trabajos ya se había encontrado una relación bidireccional entre el tabaquismo y las alteraciones del estado de ánimo, pero en la mayoría de las ocasiones no ha quedado claro si el hábito de fumar causa depresión o si el hecho de estar bajo de ánimo influye en el tabaquismo.

El seguimiento español, realizado por un equipo de investigadores coordinados desde la Clínica Universitaria de Navarra, ha concluido que fumar multiplica por dos las probabilidades de desarrollar un trastorno depresivo.

"Sabíamos que la relación entre ambos factores existía, pero no esperábamos encontrar que ésta fuera tan fuerte", admite Almudena Sánchez- Villegas, una de las autoras del trabajo. "Es más, hemos podido confirmar claramente que el habito tabáquico es primero y la depresión va después; y no al revés", continúa.

Lo que hace especialmente valioso este trabajo es que ha contado con una muestra muy amplia de pacientes (más de 8.500 universitarios) y un seguimiento bastante prolongado (alrededor de seis años).

De esta manera, los resultados son muy esclarecedores para determinar algunas de las causas de las alteraciones en el estado de ánimo y sus posibles remedios.

A la vista de estos datos, cabe preguntarse por qué la población general tiene la percepción de que el tabaco anima.

"En este sentido, el tabaquismo funciona como cualquier otra adicción. Cuando se deja de fumar o se está mucho tiempo sin ingerir la sustancia adictiva [en este caso la nicotina] se desencadena un síndrome de abstinencia, caracterizado, entre otras cosas, por ansiedad y un estado de ánimo alterado, que se mitiga cuando se vuelve a entrar en contacto con el compuesto adictivo; eso no quiere decir que el tabaco sea bueno para paliar la depresión o que proteja contra ella, sino que produce un alivio inmediato de la ansiedad; nada más", explica a SALUD Almudena Sánchez- Villegas.

Esta especialista y su equipo van a seguir trabajando en investigaciones sucesivas relacionadas con este tema, puesto que "la influencia del tabaco en patologías físicas y mentales es más estrecha y grave de lo que se pensaba", aclara.

Además, insiste en que los hallazgos obtenidos de seguimientos como este pueden ser muy útiles a la hora de implantar estrategias de salud pública encaminadas, en primer lugar, a que la población no se 'enganche' a la nicotina y, por otra parte, que los que ya fuman lo tengan más fácil para dejarlo.

Así, la labor debe de comenzar en las escuelas e institutos, ya que los jóvenes siguen siendo un sector de la población muy vulnerable a este hábito.

Por su parte, los médicos de familia tienen ante sí un reto considerable. En numerosos trabajos se ha demostrado que el consejo que pueden ofrecer estos profesionales ejerce un efecto muy beneficioso a la hora de que un paciente se anime a dejar los cigarrillos. "El problema es que no tienen tiempo de hacerlo; pero es una medida eficaz", matiza la especialista.

Finalmente, los autores apuestan por que la normativa legal se cumpla de manera efectiva, ya que el texto de la Ley Antitabaco es bueno, pero no se aplica bien.


Los que ya no fuman están más protegidos

Un dato curioso del presente trabajo es el de que la población ex fumadora (si han logrado mantener la abstinencia a lo largo de una década) presenta el menor riesgo de desarrollar un trastorno depresivo que la población que nunca ha probado un pitillo, a pesar de que, a priori, deberían situarse en un lugar intermedio de la escala (entre los fumadores activos y los que no lo son). Los motivos de esta circunstacia se deben, casi con toda probabilidad, a que los ex fumadores tienen un perfil psicológico marcado por la fuerza de voluntad y la determinación (necesarias para dejar una adicción), que les hace menos vulnerables a desarrollar un trastorno de este tipo

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