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martes, 4 de marzo de 2008

Valientes luchas contra el humo

El taller de terapia en grupo de El Quirinal para dejar de fumar, premio «Adolfo Posada» de investigación, logra que uno de cada cuatro pacientes abandone el hábito
http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pRef=1929_36_613000__Aviles-Valientes-luchas-contra-humo

M. MANCISIDOR

José Manuel Menéndez ha dado un gran paso, aunque una y otra vez se lleva la mano al bolsillo en busca de esa cajetilla de tabaco que ha decidido olvidar. El pasado jueves acudió por primera vez a la terapia de grupo dirigida a fumadores que ofrece un equipo de médicas y enfermeras del consultorio de El Quirinal. Allí se encontró con seis personas más como él que, en cinco palabras, le dijeron que «dejar de fumar es posible».

Marisol Sanz es, en este sentido, un ejemplo de superación. Fumaba un paquete de tabaco al día y, pese a su juventud, un día sufrió un infarto que la dejó en coma. Ahora hace seis meses que no tiene contacto con la nicotina. «Lo llevo muy bien, en su momento tomé medicación de ayuda pero creo que he superado la adicción», afirma, mientras señala a su hijo, Daniel. «Cuando sufrí el infarto pensé que tenía que dar este paso por él y lo di. La única contraindicación es que engordé diez kilos», añade. A su lado está Chelo Álvarez. Esta mujer intenta dejar de fumar por recomendación médica y lleva siete meses alejada del humo.
«Opté por no tomar nada, pero al principio el mono era tremendo, así que todos los trucos que me contaban mis compañeros aquí, en las terapias, me los llevaba a casa y funcionaban», explica esta ex fumadora que ha puesto en práctica todo tipo de técnicas de relajación y otros secretos como subir escaleras en momentos de «mono» o hacer abdominales en la ventana contra el impulso de coger un cigarrillo. «Y pensar que fumaba por placer...», sentencia.
De técnicas para dejar de fumar sabe bastante Juan Herminio González Cuartas, un hombre que decidió alejarse de los ceniceros tras 43 años fumando. «Cogí una gripe y no era quién a quitar la molestia que tenía en los bronquios, así pensé que si un día pude dejar de beber también podía dejar de fumar, al fin y al cabo es un vicio igual», sentencia. Ni corto ni perezoso, Cuartas acudió al consultorio de El Quirinal. Aprendió técnicas de relajación, conoció a gente en su misma situación e inventó un truco que luego trasladó a sus compañeros. «Cada vez que me daban ganas de fumar me metía en la cama porque si bien fui fumador, jamás lo hice en la cama, y así se me quitaban las ganas», recalca. De repuesta recibe las carcajadas de sus compañeros, que también han superado el síndrome de abstinencia.

La terapia grupal para fumadores del consultorio de El Quirinal es, así, el mejor remedio para dejar de fumar. En el área sanitaria avilesina las enfermeras Carmen González Carreño y Marta González, más los médicos Soledad Pérez y Carlos Villaverde ofrecen apoyo a los usuarios de este servicio. Casi una de cada cuatro personas que pasan por el taller de El Quirinal apaga su último cigarrillo. El servicio se implantó en mayo de 2005 con poca afluencia, pero los buenos resultados que ofrece han ampliado en un goteo constante el número de valientes que se enfrentan al humo.

El centro ofrece ahora terapias grupales en turno de mañana y tarde a casi cuarenta personas de Avilés, que antes de participar en las sesiones deben concertar una entrevista en el número de teléfono 985128510. En la primera cita, los profesionales conocen el hábito tabáquico de los fumadores, les realizan un test de dependencia y otro de motivación. Asimismo, los sanitarios ofrecen la posibilidad de dejar de fumar con la ayuda de tratamiento. «Lo más importante, no obstante, es el trabajo en grupo», dice Carmen González Carreño, la responsable de enseñar a los fumadores técnicas de respiración, pensamiento positivo o visualización.

«Esto último es muy gracioso. Cuando la gente deja de fumar, sobre todo si es joven, no se atreve a salir porque teme recaer. Aquí improvisamos momentos de la vida cotidiana, diálogos para decir no al tabaco», señala la enfermera, que considera que el tabaco produce en los fumadores la pérdida de habilidades para relacionarse con los demás.

El tesón de los profesionales de El Quirinal les ha valido además el premio «Adolfo Posada» de investigación, un reconocimiento tanto a los sanitarios que trabajan en el grupo de deshabituación tabáquica como a los que lo hacen con programas de lactancia, uso racional de los medicamentos o educación sexual, entre otras áreas.

«El apoyo que nos dan estos profesionales es maravilloso», dice Julia Valverde, una de las participantes en las terapias de grupo contra el tabaco. Esta mujer, que ha logrado alejarse de la nicotina, afirma además que la motivación es fundamental para dejar el hábito. «El tabaco es un mentiroso, parece que te hace más feliz y que te tranquiliza pero no es así», recalca. De la misma opinión son Isabel Arrojo y Francisco Blázquez.
«Fumaba tres cajetillas diarias y el 17 de mayo de 2007 tiré la última. No he vuelto a fumar aunque sé que siempre seré fumador. Este vicio, como todos, es cuestión de cabeza», subraya Blázquez, que como el resto de compañeros elogia el trabajo del grupo.

La médica encargada de las terapias, Soledad Pérez, responde a los elogios con satisfacción. «Nuestro método funciona dentro de lo esperado y pensamos seguir trabajando con ilusión. El tabaco utilizó la publicidad para ganar adeptos y nosotros haremos lo mismo para que los pierda porque sin tabaco se gana en todo, sobre todo, en salud», concluyó.

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